sábado, 26 de septiembre de 2015

Gasolineras "LOW COST"

La crisis ha permitido el florecimiento de nuevos modelos de negocio. Entre ellos, las gasolineras low cost, que no pertenecen a ninguna de las grandes cadenas petroleras y que ofrecen un ahorro de hasta un 15% por litro de combustible. Estos puntos de venta crecieron un 65% entre 2007 y 2014, mientras la red de los operadores tradicionales se contrajo un 1,3%, según datos de Repsol.




¿Es mala la gasolina de bajo coste? ¿Puede estropear el motor de automóvil?

Quizá tenga menos aditivos que algunos combustibles más caros, pero no perjudicará la salud del vehículo. Ningún carburante legal es dañino, ya que, básicamente, son todos iguales y la ley impone que cumplan unos estándares básicos.

El único elemento que puede diferenciar un carburante de otro son los aditivos, unas sustancias químicas que se añaden en pequeñas proporciones al combustible para favorecer sus propiedades detergentes y lubricantes —lo que implicaría un menor consumo y mejor rendimiento del motor del coche en el largo plazo, al estar el motor más limpio y con menos residuos— y que justifican esos nombres tan elaborados que cada marca confiere solemnemente a sus lanzamientos novedosos para distinguirse de la competencia.

Es la Unión Europea —cuyas directivas están transpuestas en el ordenamiento de todos los Estados miembro— quien establece los niveles mínimos que debe tener el carburante para poder ser comercializado en territorio comunitario.

¿Los componentes son los mismos?

Carles Fité, del departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Barcelona, realizó junto a su equipo un análisis comparativo entre dos muestras de carburante, una low cost y otra de marca. “Concluimos que la gasolina base es la misma”, afirma el ingeniero. “Los aditivos son la única diferencia que puede haber, pero se añaden en porcentajes muy pequeños porque la ley establece que, de un determinado compuesto, no puede haber más de cierta cantidad.


La gasolina no es un producto puro, sino una mezcla de diferentes hidrocarburos: las refinerías —en el territorio español hay nueve, de propiedad de las grandes petroleras Cepsa, Repsol y BP— someten el crudo a un tratamiento industrial, del que obtienen combustible que venden a los diferentes operadores y que cumple con los requisitos para ser comercializado. La Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH) es la empresa que controla la casi totalidad del mercado de distribución, y que se encarga de transportar y almacenar el carburante antes de que llegue a los puntos de venta.


*fuente: economia.elpais.com (Laura Delle Femmine)







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